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Moverse, la mejor solución por Pablo Hernán Aimetta

Moverse, la mejor solución           por Pablo Hernán Aimetta

Hoy en día, la falta de actividad física y el sedentarismo son las principales causas de enfermedades y factores de riesgo. Salir de ese estancamiento y moverse es una buena opción.

Está comprobado que la realización de ejercicio físico ha disminuido mucho en las últimas décadas. El stress de la vida cotidiana y los avances tecnológicos, que apuntan a una vida más cómoda y estática, marcan el avance de este gran problema.

Para evitar caer en esta vida sedentarista es necesario que tengamos hábitos relacionados con la actividad física: entrar en movimiento es la mejor solución.

Estos son algunos de los beneficios de tener una vida activa:

  • Disminuye el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares.
  • Previene y/o retrasa el desarrollo de hipertensión arterial y disminuye los valores de tensión arterial en hipertensos.
  • Mejora el perfil de los lípidos en sangre reduciendo los triglicéridos y aumentando el colesterol bueno “HDL”.
  • Disminuye el riesgo de padecer Diabetes no insulino dependiente. 
  • Disminuye el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer: colon, mama.
  • Mejora el control del peso corporal. 
  • Ayuda a mantener y a mejorar la fuerza y la resistencia muscular, incrementando la capacidad funcional para realizar otras actividades físicas de la vida diaria. 
  • Ayuda a mantener la estructura y función de las articulaciones, por lo que puede ser beneficioso para prevenir la artrosis. 
  • Ayuda a conciliar y mejorar la calidad del sueño. 
  • Mejora la imagen personal. 
  • Ayuda a liberar tensiones y mejora el manejo del stress. 
  • Ayuda a combatir y mejorar los síntomas de la ansiedad y la depresión y aumenta el entusiasmo y el optimismo. 
  • En adultos de edad avanzada, disminuye el riesgo de caídas, ayuda a retrasar o prevenir las enfermedades crónicas y aquellas asociadas con el envejecimiento. De esta forma mejora su calidad de vida y aumenta su capacidad para vivir de forma independiente.
  • Realizar actividad física está al alcance de todos y no hay mejor motivación que ver los resultados.
Sólo se trata de mantener una constancia. Ponerse en movimiento es la mejor opción para lograrlo.

 

 

¿Cómo conseguir trabajo a los 45 años? Por Hebe Costa

¿Cómo conseguir trabajo a los 45 años?                         Por Hebe Costa

Expertos brindan sus mejores consejos para superar esta difícil situación.

Suena cruel y hasta exagerado, pero lo arrojan las estadísticas y la experiencia de mucha gente: para el mercado laboral, las personas parecen tener una fecha de vencimiento que las deja al margen del empleo formal mucho antes de lo que establece la edad de jubilación. La realidad actual indica que los mayores de 45 años tienen menos posibilidades de conseguir trabajo que los más jóvenes.

Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en el primer trimestre de 2008, la desocupación en la Argentina fue de 8,4 por ciento, lo que implica que alrededor de 1,3 millón de personas busca trabajo actualmente; de éstos, al menos 500.000 tienen más de 45 años, según las estimaciones.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina también destaca la situación laboral de los más grandes. Su responsable, el sociólogo Agustín Salvia, explica que “la población que se encuentra en el rango de edad de 45 a 59 años, que vive en los principales centros urbanos del país, tiene una mayor probabilidad de estar desocupada en comparación con otros grupos etarios, y en particular, si se trata de mujeres. A su vez, los datos evidencian que corren más riesgo de padecer situaciones de empleo precario o de subempleo aquellos mayores que no han finalizado los estudios secundarios”.

Antonio Navarro Martín, de 57 años, es especialista en Comercio Exterior y tiene un posgrado en Dirección de Empresas. “Trabajé durante quince años para filiales argentinas de empresas internacionales, situación que hizo que tuviera mi vida planificada. Sin embargo, al profundizarse la crisis de los 90, la empresa en la que trabajaba sufrió un cambio del paquete accionario y los nuevos directivos resolvieron varios ajustes de personal. De esta manera, me encontré fuera del ámbito empresario, con 50 años de edad, y en medio de una crisis nacional tan aguda que hacía inútil cualquier intento de recolocación laboral”, recuerda.

Pero Antonio sabía que debía empezar a buscar nuevamente un trabajo y fue entonces cuando se enfrentó a una dura realidad: “Publiqué mi currículum en todos los sitios de Internet que pude, contesté avisos de diarios y hasta me presenté espontáneamente en empresas y consultoras. Cada vez más, los avisos de trabajo aparecían con la cláusula ‘hasta 35 años’ y aunque siempre mencioné mi personalidad dinámica, el hecho de estar actualizado y de contar con la habilidad profesional solicitada, los resultados fueron nulos”.

¿Cuáles son las grandes diferencias entre jóvenes y adultos?

Julián Bautista, de la Asociación 50 a 60, una entidad que defiende los derechos de las personas mayores, comenta que “la gente joven tiene muchas cosas positivas, como empuje, fuerza, entusiasmo y búsqueda de proyección, pero los más grandes poseen otros valores y equilibran con otras cualidades: en primer lugar, aportan idoneidad en una profesión o actividad, lo cual es fundamental para formar y capacitar a los más jóvenes, y además suman sensatez, reflexión y madurez”.

Bautista enfatiza que las demandas y necesidades de los mayores de 45 también son otras. “No buscan un desarrollo futuro sino la tranquilidad de una estabilidad laboral y de sentir que siguen siendo productivos. Hoy una persona de 45 años probablemente tenga por delante unos 30 o 40 años de vida, y no puede ni debería renunciar a tener un trabajo digno”.

También Guillermo Varona, director?de Execuzone.com, uno de los sitios web líderes en búsquedas laborales, encuentra algunas ventajas en la mayor experiencia que supone la edad. “Desde el punto de vista del mercado argentino, las empresas prefieren gente de menor edad sólo en algunas posiciones gerenciales, ya que en otras funciones, la edad es un beneficio más que una carga y el límite de empleabilidad se extiende incluso hasta los 55 años”, dice.

Pero aun así, las ventajas que puede aportar la experiencia de una persona mayor de 45 años no parecen ser muy valoradas por las empresas. Un informe realizado por la consultora de empleo Manpower refleja que sólo el 11 por ciento de los empleadores de la Argentina pone en práctica estrategias para tomar trabajadores mayores de 50 años, y un 17 por ciento ha impulsado planes para mantener a los profesionales de esta edad dentro de sus compañías.

Sin embargo, hay algunas empresas y organismos que están atendiendo a las demandas de las personas de mayor edad. La consultora Adecco Argentina desarrolla desde 2006 diversos programas para facilitar la reinserción laboral de aquellos individuos que superan los 40 años y que incluso han pasado mucho tiempo sin trabajar. “Incluyen una recalificación y mejoramiento profesional, capacitación enfocada a las necesidades del mercado y reentrenamiento laboral”, explica Esther Parietti, directora de Responsabilidad Social Empresaria de Adecco Argentina. Según las últimas estimaciones, un 20 por ciento de las búsquedas de Adecco está orientado a personas mayores de 40 años.


De 1.300.000 personas que buscan trabajo, al menos 500.000 desocupados tienen más de 45 años.


Por su parte, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires creó, en junio de 2007, el Régimen Especial de Empleo para personas mayores de 45 años, que otorga un subsidio a las pequeñas y medianas empresas que tomen como empleados a desocupados de esa franja etaria. Martha Alles, especialista en recursos humanos y directora de la consultora Capital Humano, opina que el tema de la edad en el plano laboral debe analizarse en relación con otras circunstancias. “No es lo mismo un profesional con trayectoria que uno sin ella —admite—, y en algunos casos tener 45 años puede significar ser muy joven

Es cierto que si una persona no tiene una especialidad definida y desea encarar una nueva carrera, a esta edad puede ser más difícil. Si una señora, por ejemplo, dejó de trabajar a los 25 años porque fue mamá y luego desea reingresar al mercado laboral a los 40, el problema no es que ella tenga 40 sino que dejó de trabajar hace mucho tiempo”.

Con respecto al tema salarial, Alicia Gaitán, presidenta de la Asociación 50 a 60, sostiene que generalmente se supone que los mayores son “más caros” para las empresas, ya que los jóvenes, al tener menos responsabilidades familiares e iniciarse en una ocupación desconocida, aceptan sueldos más bajos. “Sin embargo, las compañías no le preguntan al empleado que van a excluir si aceptaría continuar con un sueldo menor o con una reducción de la jornada laboral”, comenta.

No todo está perdido

“La situación para los mayores de 45 años ha mejorado bastante en los últimos tiempos. Son más buscados y necesitados. Luego de la crisis de 2001, cuando las empresas redujeron al máximo sus dotaciones, paulatinamente se fue comprobando el incremento de la demanda de profesionales que acompañó al crecimiento económico”, asegura Marcela Romero, asociada senior de Heidrick & Struggles Argentina.Pero en la búsqueda de un empleo acorde a las condiciones que una persona considera que posee, los expertos coinciden en que no hay que bajar los brazos ya que existen empresas o rubros en los que la experiencia y la capacitación son siempre requeridas.

De acuerdo con Parietti, de Adecco, los perfiles más demandados para las personas mayores son: expertos en oficios o en informática, en servicios de asesoramiento, en consultoría y especialistas en desarrollo de tareas concretas que requieren de un conocimiento específico.

A la hora de salir a buscar trabajo, Martha Alles aconseja leer cuidadosamente los avisos y elegir aquellos en los cuales se tenga posibilidad real de ser considerado. “Hay que tener en cuenta los requisitos excluyentes, es decir, aquellos que sí o sí debe tener la persona para postularse. Si uno no los cumple, es mejor seguir leyendo hasta encontrar alguno que responda a las propias capacidades, conocimientos y competencias”, agrega.


Sólo el 11% de las empresas tienen políticas para emplear a personas mayores de 50 años. La experta recomienda postularse a posiciones en las cuales uno pueda demostrar su experiencia concreta y tener en cuenta que será llamado o no a una entrevista en función de su historia previa.


“Por lo tanto, hay que tener claro que un currículum es como una foto: debe mostrar quién es el postulante y, al mismo tiempo, brindar su mejor perfil, contar la historia de vida completa, con mayor foco en los últimos años y en la experiencia laboral más destacada, siempre en relación con la posición que se desea alcanzar en este momento”, asegura.Por su parte Guillermo Varona, director de Execuzone.com, subraya que “todo sirve en el momento de buscar empleo. Las redes sociales, la red de contactos propia, los amigos. Hoy decir que uno está buscando trabajo no perjudica, porque nadie está exento de sufrir un traspié laboral. Hay que pedir entrevistas y no frustrarse por no lograrlas ya que muchas veces es difícil que nos atiendan”.

A Olga Rossi, una bioquímica de 56 años, su red de contactos le dio buen resultado. Trabajó durante 30 en laboratorios privados y en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires. Cuando tenía 42 años se quedó sin empleo. “Me despidieron del laboratorio en el que trabajaba y tomaron a gente más joven, por lo tanto más económica para la empresa. Al menos ésa fue la excusa que me dieron”, recuerda Rossi. La mujer salió inmediatamente a buscar un nuevo trabajo. “Llamé a todos los conocidos y, en ese momento, me fue fácil conseguir trabajo gracias al ‘boca a boca’”, dice.

Internet, otra opción

El avance de Internet logró que podamos hacer muchas cosas como pagar una cuenta o comprar un libro desde una cómoda silla en nuestro hogar, e incluso buscar trabajo, aunque esto puede ser contraproducente si se convierte en nuestra única opción. Daniela de León, directora ejecutiva de Dale Carnegie Training, empresa de capacitación, comenta que muchos buscan trabajo sólo a través de Internet, “pero no deberían descartar la reunión cara a cara con personas. Siempre recomiendo dar sólo una mirada en la web después de la cena y no caer en la idea de que enviando algunos currículum por correo electrónico uno obtendrá fácilmente trabajo”.

Ella aconseja a los postulantes que ocupen sus días saliendo y visitando personas, y que se dirijan, por ejemplo, a los padres de los amigos de sus hijos; también que pidan trabajo a personas de ámbitos sociales y entre miembros de asociaciones profesionales de la propia especialidad.

Finalmente, si se logra concretar una entrevista de trabajo, ésa es una de las situaciones más relevantes para demostrar nuestra experiencia. De León sugiere “prepararse cuidadosamente, ya que es la oportunidad para lograr una primera impresión realmente buena”. Esto incluye ser puntual, vestir apropiadamente y conocer algo acerca de la compañía a la que uno se está postulando (se puede visitar su sitio web).

Varona observa que, a veces, buscar trabajo después de los 45 años puede ser una experiencia frustrante y por ello menciona una alternativa: “El autoempleo sirve para canalizar la energía en algo positivo. Hay que vivirlo como una oportunidad de independencia y desarrollo personal a través de una opción que tal vez ni se plantea si uno está empleado”.

Navarro Martín, el especialista en Comercio Exterior mencionado al comienzo de esta nota, asegura que nunca bajó los brazos en la búsqueda de empleo. Pasó por varios trabajos, hasta que pudo sacarle provecho a su experiencia y terminó asesorando a pequeñas empresas. 
Además, reunió a un grupo de personas en situación similar a la suya, gente con oficios y que vive de empleos esporádicos, con la intención de generar un emprendimiento industrial y administrarlo como una cooperativa de trabajo.

 

Palabras de aliento Por C. Dermody

Palabras de aliento                              Por C. Dermody

Las maneras más apropiadas de decirle ciertas cosas a tus hijos.

EL SONIDO DE UN SILBATO PUSO FIN al partido de básquet en el gimnasio de Melbourne, Florida. Aunque el equipo de C. J. Givens, de 12 años, había perdido, su tía Melanie estaba eufórica. El chico había anotado los 24 puntos de su equipo. Cuando subió a las gradas y se reunió con su familia, le llovieron abrazos y felicitaciones: “¡Estuviste increíble!” “¡Qué manera de encestar!”

De pronto su tía le dijo:
—Si ayudaras a tus compañeros a jugar como tú, ¡nadie les ganaría!
—¿Por qué dices eso? —repuso él a la defensiva—. ¡Jugué lo mejor que pude! ¿Qué fue lo que no hice bien?
Como acababa de llenarlo de elogios, a la tía le sorprendió su reacción.

“El mensaje que C. J. captó fue que no se había esforzado como debía”, explica la psicóloga infantil Vicki Panaccione, fundadora del Instituto Para una Mejor Paternidad, de Melbourne. “Su tía le dijo que era tan buen jugador que podía ser un maestro para sus compañeros. Un adulto lo habría entendido así, pero él entendió algo muy diferente debido a las palabras que ella usó”.

UN PADRE, O CUALQUIERA QUE INTERACTÚE a menudo con niños, sabe que no es fácil comunicarse con ellos de forma eficaz. En el caso de C. J., la explicación que en seguida le dio su tía lo tranquilizó. Pero ciertas palabras y frases comunes, por bien intencionadas que sean, pueden causar daño emocional y psicológico. El cerebro de un niño está en proceso de desarrollo, y no cabe esperar que procese palabras, contextos y matices (el sarcasmo, por ejemplo) como lo hace el cerebro de un adulto.

Si se quiere que los chicos lleguen a ser adultos emocionalmente sanos y maduros, es vital sustituir las palabras que dañan con otras que contribuyan a formar el carácter. Algunas cosas que los padres dicen a sus hijos parecen inofensivas e incluso constructivas, pero, según los expertos, lastiman más de lo que ayudan. He aquí siete de esas frases comunes, y maneras alternativas de transmitir mejor el mensaje.

 


 

Lo que el padre dice: “¡Eres lo máximo!”

Lo que el niño entiende: “Tu tarea en la vida es hacerme feliz”.

Es mejor decir: “Puedes sentirte orgulloso porque te has esforzado mucho”.

Durante años nos han dicho que reforzar la autoestima de los niños es esencial para que triunfen en la vida, pero hoy los expertos afirman que el exceso de alabanzas puede ser contraproducente. Los niños que dependen de los elogios y los esperan siempre pueden convertirse en adolescentes que busquen la misma aprobación de sus amigos cuando les ofrezcan alguna droga o les pidan hacer el amor en el asiento trasero del auto. Lo que una niña infiere cuando se le dice “Eres la más bonita de la clase”, o cuando se la alaba por los puntos que anotó en un juego pero no por el esfuerzo que hizo, es que se la quiere sólo cuando está muy linda, anota muchos puntos o hace algo extraordinario.
Cuando daba clases en la Universidad de Columbia, la psicóloga social Carol Dweck evaluó los efectos del elogio excesivo en 400 alumnos de quinto grado de primaria. Observó que los chicos a quienes se elogiaba por “esforzarse” obtenían mejores calificaciones y estaban más dispuestos a emprender tareas difíciles que aquellos a quienes se alababa por ser “inteligentes”.

“Alabar un atributo o una habilidad equivale a asegurar falsamente que se alcanzará el éxito sólo porque se tiene esa cualidad; además, sacarle mérito al esfuerzo de un chico puede infundirle miedo a los desafíos”, explica Dweck, hoy día en la Universidad Stanford. “El chico piensa que es mejor renunciar a una tarea antes que fracasar”.

 


 

Lo que el padre dice: “¡Cuida tu lenguaje!”

Lo que el niño entiende: “No sé en realidad qué intentas decir”.

Es mejor decir: “Me gusta que quieras hablar conmigo, pero voy a pedirte un favor. Esa palabra me parece soez, así que, en el futuro, no la digas”.

Aunque en estos días se oyen muchas palabrotas en la televisión y seguramente usted no quiere que sus hijos las repitan, Panaccione aconseja ser más tolerantes con la jerga juvenil durante una conversación. Es así como hablan los jóvenes de hoy; no es que intenten ser irrespetuosos. Si los padres se concentran más en las palabras que en la intención de la charla, el chico tiende a cerrarse, y la comunicación podría perderse para siempre. “Nadie desea que esto ocurra”, dice la experta. “Los padres deben considerar que tienen suerte si sus hijos se acercan a hablar con ellos”. Sólo recuerde que el momento de tocar el tema del lenguaje ofensivo es al final de la conversación.

 


 

Lo que el padre dice: “No tenemos dinero para eso”.

Lo que el niño entiende: “El dinero resuelve todo”.

Es mejor decir: “Qué lindos juguetes venden en este negocio, pero ya tenemos muchos en la casa y no vamos a llevar ninguno más”.

¿De veras cree que su hija necesita una muñeca o un videojuego más? Seguramente no. Pero si siempre le dice que la falta de dinero es la única razón por la que no puede tener algo, la hace pensar que el dinero es la fuente de todo lo bueno de la vida. Si a esto sumamos el bombardeo publicitario al que están expuestos los chicos, jamás aprenderán el significado del exceso ni el de la gratitud.

“Es deseable que los niños adquieran la noción de abundancia al cumplir los cinco años de edad, pero no en el sentido material, sino haciéndoles ver que lo que ya poseen les trae alegría”, señala Marcy Axness, especialista en desarrollo infantil.

Las finanzas son uno de los pocos temas que los padres no deberían sentirse obligados a discutir o explicar, sobre todo a niños pequeños, añade Axness. “Si a cada petición se responde con una lista de razones por las que el chico no puede tener tal cosa o ir a tal lugar, al final se saldrá con la suya”. No tenga miedo de decirle con firmeza a su hijo: “No, lo lamento. Olvídalo”.

¿Y si la que pide algo es una niña ma-yor que ya conoce el valor del dinero? Piensen juntos en un plan que les permita hacer la compra. El objeto deseado podría ser un premio por obtener mejores calificaciones, o un pago por ayudar más tiempo en los quehaceres domésticos. Hablar sobre el asunto importa más que lo que cada cual aporte para alcanzar la meta.

 


 

Lo que el padre dice: “No te preocupes. Así son las cosas. No pasa nada”.

Lo que el niño entiende: “¡No te pongas tan trágica!”

Es mejor decir: “Comprendo muy bien lo que debes de haber sentido. Cuéntame qué fue lo que pasó”.

Cuando una niña llega enojada a casa de la escuela porque sus amigas se burlaron de ella o porque no ganó una medalla en la competencia de natación, es natural que los padres minimicen su decepción y le ofrezcan consuelo. Los adultos saben que esos contratiempos no suelen ser graves.

“Pero los niños necesitan aprender a expresar sus sentimientos, no a reprimirlos”, dice Panaccione. “Si piensan que no deberían tener sentimientos o que éstos son malos, empezarán a guardárselos y no adoptarán estrategias sanas para lidiar con ellos”.

Por otra parte, hay que alentar a los chicos a hacer algo más que rumiar sus emociones negativas. Una pregunta como “¿Por qué crees que te pasó eso?”, o “¿Qué puedes hacer para remediar la situación?”, podría darles el impulso que necesitan para resolver sus problemas por sí mismos.

“Un padre ofrece más consuelo escuchando que hablando. Si muestra empatía con el estado de ánimo de su hijo, él siempre acudirá a usted y le abrirá su corazón”, dice Mel Levine, profesor de pediatría de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill.

 


 

Lo que el padre dice: “No hables con desconocidos”.

Lo que el niño entiende: “Toda persona a quien no conozcas quiere hacerte daño”.

Es mejor decir: “No hables con personas que te hagan sentir incómodo. Te diré cómo identificarlas”.

Hoy los chicos necesitan hablar con desconocidos: en la caja de un supermercado, en el ómnibus, en el consultorio médico... En vez de prohibirles que lo hagan, hay que tener una conversación seria con ellos sobre los peligros reales.

En primer lugar, los padres necesitan asumir la realidad. Pese a las historias sensacionalistas de niños que son robados en las calles por desconocidos y jamás se los vuelve a ver, esos casos son muy raros. Lo que sí es cierto es que muchos chicos son agredidos por personas a quienes conocen bien, entre ellas algunas figuras de autoridad. Por eso es más sensato decirle al niño que desconfíe de cualquiera que lo haga sentir incómodo, lo conozca o no.

James Beasley, experto del FBI, advierte: “Los padres de niños que pasan mucho tiempo usando Internet deben pedirles no revelar datos personales, como apellidos, dirección o nombre de su escuela”. Y los chicos siempre deben informar a sus padres sobre los amigos que hagan en la Red, especialmente aquellos que les pregunten si están dispuestos a guardar un secreto.

 


 

Lo que el padre dice: “Comparte tus cosas”.

Lo que el niño entiende: “Regala tus cosas”.

Es mejor decir: “A Juan le gustaría jugar un rato con tu auto de carreras, pero sigue siendo tuyo y te lo devolverá”.

Probablemente usted no le daría las llaves de su auto a su vecino, pero eso es lo que le pide a su hijo cuando le dice que comparta un juguete. “Los niños pequeños no distinguen con claridad entre ellos y los objetos que poseen o valoran, como su osito o su trencito”, dice el psicólogo David Elkind, profesor en la Universidad Tufts, “así que lo que se les pide es que se desprendan de parte de sí mismos”.

En casos extremos, si se obliga a un niño a ceder una y otra vez sus pertenencias más preciadas, la separación se vuelve tan dolorosa que a la larga podría rehuir el trato afectivo con los demás, señala Elkind. Los niños no entienden el concepto de compartir hasta los ocho o nueve años de edad; entre tanto, conviene inculcarles un poco de generosidad. Una solución es escribir el nombre del niño en el juguete antes de sacárselo de las manos, para que sepa que no se lo está obligando a renunciar a él para siempre.

 


 

Lo que el padre dice: “¿Por qué (llegaste tarde, le pegaste a tu hermana, etc.)?”

Lo que el niño entiende: “Otra vez hiciste las cosas mal”.

Es mejor decir: “Supongo que llegaste tarde porque te estabas divirtiendo y no querías volver a casa, pero de todas maneras no estuvo bien”.

En opinión de los psicólogos, los padres hacen demasiadas preguntas. Algunas son órdenes disfrazadas (“¿No crees que deberías ponerte el impermeable para que no te mojes?”), cuya intención es que los padres no parezcan dictadores sino ayudantes benevolentes. También existen preguntas cuya respuesta ya conocen los padres (“Le pegó a su hermana porque le sacó su juguete favorito”) y cuyo fin es avergonzar al chico para que confiese.

Actuar de esta forma puede aliviar temporalmente un dolor de cabeza, pero a la larga crea un problema. Los padres deben hacerle ver al niño que se portó mal; así generan en él un sentimiento de culpa que le servirá de base para desarrollar una conciencia moral firme. Sin embargo, sentir demasiada vergüenza en los primeros años de vida puede inhibir el desarrollo del sentimiento de culpa. “Al crecer, los niños que jamás desarrollaron la capacidad de sentir lo que siente el otro pueden llegar a robar, mentir e incluso cometer delitos violentos”, dice Axness. Al niño le da seguridad creer que sus padres ven y saben todo. Es mejor decirle a su hijo que usted ya sabe lo que hizo (o que se lo imagina) y después explicarle por qué actuó mal. Si se equivoca, él lo corregirá de inmediato. Y ése puede ser el punto de partida de un diálogo productivo.

 

El espíritu olímpico Por Editorial Selecciones

El espíritu olímpico                                 Por Editorial Selecciones

10 historias memorables sobre la lealtad deportiva y el verdadero sentido de competir.

El 8 de agosto, en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Beijing, un competidor chino, en nombre de los 12.000 deportistas participantes, jurará respetar las reglas de los juegos “con auténtico espíritu deportivo”.
Por desgracia, en el pasado, algunos competidores han soslayado este principio y usado el dóping, ardides y trampas para tratar de ganar a toda costa. “Unas cuantas manzanas podridas arruinan todo el espectáculo”, dice el historiador olímpico John Lucas. “Es fácil olvidar que hay muchos más deportistas leales y patrióticos que tramposos y dopados”.

Efectivamente, desde que comenzó la era moderna de los Juegos Olímpicos, en 1896, ha habido cientos de actos notables de espíritu deportivo que encarnan el ideal olímpico. Éstos son sólo 10 de los más memorables:


Segunda oportunidad
Cecil Healy (Estocolmo, 1912)


Cecil healy, uno de los primeros grandes nadadores olímpicos australianos, estuvo ante un triunfo casi seguro en la prueba de 100 metros libres cuando el poderoso equipo estadounidense llegó tarde a la eliminatoria semifinal. Como los nadadores norteamericanos atribuyeron su retraso a un malentendido y pidieron otra oportunidad de competir, el asunto se sometió a deliberación.

Healy pidió al representante de su equipo en el jurado que apoyara esa petición, y entonces se permitió a los estadounidenses competir en una semifinal especial. Duke Kahanamoku, el gran nadador hawaiano, pasó a la final, venció a Healy por dos metros y se llevó la medalla de oro. Al terminar la prueba, la multitud premió al australiano con una fuerte ovación.
La Primera Guerra Mundial puso fin a la carrera de Healy como nadador. Murió en el frente de batalla en 1918.


Un amigo en la pista
Lucien Duquesne
(Amsterdam, 1928)


Paavo nurmi, el legendario corredor de fondo finlandés, solía usar un cronómetro en las competencias para administrar su ritmo y energía. Durante una eliminatoria de la carrera de obstáculos de 3.000 metros, se cayó en un foso y soltó el aparato.

El francés Lucien Duquesne se detuvo, levantó a su rival y lo ayudó a sacar el cronómetro del agua.
En vez de tomar la delantera, Nurmi corrió el resto de la competencia jun-to a Duquesne. En la línea de meta le ofreció al francés que cruzara primero, pero éste no aceptó.


El buen perdedor
Ralph Hill (Los Ángeles, 1932)


En una de las carreras más controvertidas de la historia olímpica, el estadounidense Ralph Hill pasó de ocupar el último sitio en los 5.000 metros a desafiar al líder, el finlandés Lauri Lehtinen, que tenía el récord mundial. Con 50.000 espectadores alentándo-lo, Hill intentó dos veces rebasar a Lehtinen, pero éste le bloqueó el paso y ganó la competencia por unos cuantos centímetros.

Aunque era evidente que se trató de una falta al reglamento, Hill no quiso presentar una protesta formal. Comentó que no podía creer que su adversario lo hubiera hecho a pro-
pósito. “Además, ¿qué tiene de malo ganar una medalla de plata?”, declaró al New York Times.
Su noble gesto se conoció en todo el mundo, y el diario sueco Dagens Nyheter lo llamó “el ídolo de los niños y las niñas que practican deportes en las escuelas”.


Por amor a un caballo
Shunzo Kido (Los Ángeles, 1932)


Shunzo kido, miembro del equipo ecuestre japonés, iba a la cabeza en la prueba de obstáculos cuando notó que su caballo, Kyu Gun, estaba cansado y empezaba a flaquear. Para evitarle una lesión, Kido se retiró de la competencia. Dos años después, una sociedad humanitaria de California develó una placa en Riverside para recordar la acción del japonés. Al proteger a su caballo, dice la placa, “escuchó la suave voz de la clemencia en lugar del imperioso llamado de la gloria”.


Espíritu de camaradería
Luz Long (Berlín, 1936)


Adolph hitler veía los Juegos Olímpicos de Berlín como una vidriera de la superioridad de la llamada raza aria, y aunque les prohibió a los atletas alemanes que confraternizaran con los competidores negros, uno de ellos se atrevió a desobedecer.

Jesse Owens, el formidable atleta negro estadounidense, había cometido falta en sus dos primeros intentos en una ronda preliminar de salto en largo. Si fallaba también en el tercero, sería descalificado.
Owens contó más tarde que el atleta alemán Carl Ludwig “Luz” Long se acercó a él y le aconsejó que empezara su salto unos centímetros antes; así, aunque el salto sería más corto, podría pasar a la ronda final. Owens siguió el consejo, clasificó para la final y ganó la medalla de oro (junto con otros tres). Posteriormente comentó: “Podrían fundir todos mis trofeos y medallas y no obtendrían ni un gramo de la amistad de 24 quilates que siento por Luz Long”.
Long murió durante la Segunda Guerra Mundial. Se le concedió póstumamente la Medalla Pierre de Coubertin, que se otorga por actos especiales de espíritu deportivo en honor del fundador de los Juegos Olímpicos modernos.


Héroe por partida doble
Eugenio Monti
(Innsbruck, Austria, 1964)



En dos pruebas de bobsleigh de los Juegos de Invierno, Eugenio Monti, capitán del equipo italiano, vio salir descalificados a varios de sus rivales por fallas mecánicas. Aunque esto aumentaba las probabilidades de los italianos de llevarse el oro, Monti y sus compañeros no querían ganar a menos que vencieran a los mejores.
Mientras competían en el bobsleigh a dos, Monti oyó que el dueto británico tendría que retirarse porque se le había roto un perno del trineo. Co-mo él y su compañero ya habían terminado la ronda, sacó un perno de su trineo y se lo envió a los británicos. Al final éstos ganaron el oro, y los italianos el bronce.
Más tarde, en la primera ronda del bobsleigh a cuatro, el equipo canadien-se impuso un nuevo récord olímpico; sin embargo, como se había dañado un eje de su trineo, corría riesgo de ser descalificado. De nuevo, Monti y sus compañeros salieron al rescate: les enviaron mecánicos italianos, quienes arreglaron el trineo a tiempo para la segunda ronda. Los canadienses 
ganaron la medalla de oro y, una vez más, Monti y su equipo tuvieron que conformarse con la de bronce.


Gloria compartida
Lanny Bassham (Montreal, 1976)


En la prueba de tiro con rifle de bajo calibre en tres posiciones, el estadounidense Lanny Bassham y su compatriota Margaret Murdock empataron en el primer lugar. Tras un meticuloso análisis de todas las dianas de ambos tiradores, los jueces decidieron que Bassham había sido ligeramente mejor y le concedieron el oro.

Bassham pensó que la decisión de los jueces se había basado en un tecnicismo absurdo, así que en la ceremonia de premiación hizo subir a Murdock a la plataforma del oro y la abrazó mientras escuchaban el himno de su país. Oficialmente, ella quedó en segundo lugar, y se convirtió en la primera mujer en recibir una medalla olímpica en este deporte.


Un gran gesto deportivo
Anton Josipovic
(Los Ángeles, 1984)



El boxeador estadounidense Evan-der Holyfield noqueó al neozelandés Kevin Barry en la ronda semifinal de peso semipesado, así que era favorito para ganar la final por la medalla de oro contra el yugoslavo Anton Josipovic, pero durante la pelea lo descalificaron por cometer una falta.

Barry fue declarado ganador, pero como había sido noqueado y el reglamento no le permitía volver a pelear hasta que pasaran al menos 28 días, Josipovic ganó el oro por default.
Desoyendo la “sugerencia” de los funcionarios deportivos de su país de boicotear la ceremonia de premiación, Holyfield se presentó a recibir la medalla de bronce. Sus simpatizantes en las gradas silbaron disgustados al sonar las notas del himno yugoslavo, pero cuando Josipovic invitó a Holyfield a subir con él a lo alto del podio, el público le dio una ovación de pie.

Unos años después, Holyfield, que se había hecho boxeador profesional y ya era campeón, comentó: “He boxeado desde que era niño. Lo que hizo Josipovic fue el gesto más deportivo que he visto en mi vida”.


Al rescate
Larry Lemieux (Seúl, 1988)


Durante una regata de la competencia individual de vela de la clase Finn, el canadiense Larry Lemieux iba en segundo sitio cuando vio que un competidor de otra regata, Joseph Chan, de Singapur, manoteaba desesperado en las turbulentas aguas: su pequeño velero se había volcado, así que corría peligro de ahogarse.

Sacrificando su oportunidad de ga-nar una medalla, Lemieux cambió de rumbo y llevó a Chan de nuevo hasta su velero, donde más tarde fue recogido por una lancha de rescate.
Oficialmente, Lemieux quedó en undécimo lugar, pero el presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, le otorgó después la Medalla Pierre de Coubertin al Espíritu Deportivo.


Ayuda insospechada
Bjoernar Haakensmoen
(Turín, Italia, 2006)


La canadiense Sara Renner iba a la cabeza en la agotadora prueba de sprint por equipos de esquí de fondo cuando sufrió un percance: su bastón izquierdo se rompió. Siguió adelante, pero en una cuesta pronunciada la rebasaron varias contrincantes.

Entonces ocurrió algo excepcional: un hombre se acercó a la pista desde un costado y le pasó otro bastón. Sara regresó a la carrera y recuperó parte del tiempo perdido. Al final Canadá ganó la medalla de plata.

Cuando terminó la competencia Sara pudo conocer la identidad de su benefactor: Bjoernar Haakensmoen, el entrenador del equipo noruego, que llegó en cuarto lugar.
En Canadá, Haakensmoen se convirtió en un héroe. En un diario de Montreal apareció un enorme titular de una sola palabra: “TAKK”, que en noruego significa gracias.
Haakensmoen no comprendía toda esa atención. “Tratamos de respetar el espíritu olímpico”, declaró a otro diario. “Si uno gana pero no ayuda a alguien cuando debe hacerlo, ¿qué clase de victoria es ésa?”

 

Un esfuerzo que rindió sus frutos Por Marta Villar

Un esfuerzo que rindió sus frutos                        Por Marta Villar

La historia de un hombre que logró tener su propio astillero a pesar de todos los obstáculos que la vida le puso.

NO FUE FÁCIL LA VIDA PARA FEDERICO Contessi. A solo cuarenta días de su nacimiento, se quedó prácticamente sin papá. Debido a la avanzada del ejército alemán en tierras italianas, Domingo, su padre, tuvo que viajar a América para buscar mejores oportunidades de las que había tenido en San Benedetto del Tronto, una localidad balnearia situada sobre el mar Adriático, donde vivía junto a su esposa y sus tres hijos.

En un principio, la idea de Domingo era establecerse en la Argentina y luego mandar a buscar a su familia, pero la crisis económica de 1930 y la parálisis generada por la Segunda Guerra Mundial lo dejaron varado en el continente americano.

A medida que crecía, Federico solo podía imaginar cómo era su padre por las cosas que le contaba su madre, Felisia. Así fue que el chico creció con la obsesión de conocer a su padre. “Mantuve esa ilusión muchos años, incluso casi pierdo las esperanzas cuando las bombas que los alemanes tiraban sobre el pueblo explotaron a metros de donde estaba.

Recuerdo que encontramos una cueva y allí nos metimos, me arrodillé, me tapé la cabeza con las manos; supliqué poder estar al menos una sola vez junto con mi papá”.

Durante el tiempo de ausencia de Domingo, Felisia se tuvo que poner al hombro a su familia. Hizo de todo para poder dar de comer a sus tres hijos: amasó fideos, tejió en telar y colocó inyecciones. Ese temple fue un buen ejemplo para Federico, el más pequeño de todos, quien desarrolló pasión por el trabajo, inusual para un chico de su edad.

Con apenas cinco años se la pasaba jugando a ser carpintero y usaba cómo podía las herramientas que su tío Bruni, trabajador naval, guardaba celosamente en un baúl. Un día Bruni lo descubrió. “Se preguntaba por qué estaban gastadas sus herramientas, investigó y me pescó —recuerda Federico con la picardía de entonces que aún se percibe en el relato—; no se enojó sino que decidió llevarme al astillero donde él trabajaba para que aprendiera el oficio. Desde aquel momento, nunca más me alejé de ese lugar”.


Federico no conocía a su padre. Sólo sabía de él por las cosas que su madre le contaba.


Y continúa: “Hacía algo básico como sostener con los dedos el hilo para nivelar las construcciones con el suelo, pero así empecé; de ahí a enderezar clavos y después, terminé reparando barcos”, recuerda Federico.

EN AGOSTO DE 1947, FEDERICO y su familia viajaron a América luego del término de la guerra y con el inicio de la reconstrucción de Europa. Quince años tuvo que esperar para que el reencuentro familiar se concretara. Por fin lograría conocer a su padre, una esperanza que había alimentado desde su nacimiento.

Llegaron al puerto de Buenos Aires. “Mi papá nos estaba esperando y yo no podía creer la emoción que me invadía. Nos abrazamos durante largo tiempo, ninguno de nosotros quería despegarse del otro”, recuerda Federico.

Ya todos los pasajeros del barco se habían ido, pero la familia Contessi permanecía en el lugar hablando y recordando anécdotas. “Hasta que se produjo una rara situación: a unos metros de distancia, el único espectador de ese momento se arrimó y le ofreció a mi padre adoptar a uno de sus hijos. Mi papá casi lo mata. ‘¡¿A usted le parece que se los voy a dar? Hace 15 años que no los veo!’, le dijo.”

Horas más tarde fueron a la terminal de ómnibus para viajar a Mar del Plata, ciudad en la que Domingo trabajaba como pescador. “Tanto, tanto anhelé conocer a mi padre cuando no lo tuve, que me hice la promesa de jamás enfrentarlo, jamás discutirle nada”.

Pero aquella promesa flaqueó cuando su papá lo quiso llevar a pescar con él, algo que sus hermanos habían logrado evitar. “Por primera vez en mi vida me sentí inútil, me descomponía, no soportaba estar embarcado”, recuerda.

Era tierra firme lo que necesitaba para trabajar como él sabía. El alivio llegó cuando Domingo probó llevarlo a un taller naval de su amigo Laureno Bermúdez: “Te dejo al pibe”, le avisó.

EL ÚNICO TRABAJO QUE LE ENCOMENDÓ a Federico, de entonces 16 años, era el de barrer el taller. Él quería trabajar en algo más útil, con herramientas, pero no había caso. “Me sentía un inservible y pretendía hacer más pero no sabía cómo decirlo.

Terminaba rápido y pedía más tareas, pero cómo yo no sabía ni una palabra en español, nadie me entendía nada”, comenta.

Con los años de trabajo, Federico se ganó el respeto y cariño de Bermúdez e incluso a esta altura ya hacía tareas más calificadas. Pero el dueño del taller lo iba a poner a prueba: no le pagó el sueldo durante seis meses. Bermúdez quería que Federico se independizara y utilizó el sueldo de su empleado para presionarlo.

Finalmente, Federico tomó la difícil decisión de abrirse camino solo. Con 20 años e invirtiendo todos sus ahorros, el joven empezó con algunas reparaciones navales en su pequeña constructora Astillero “La Juventud”.

Este astillero estaba alejado del mar, lo que dificultaba el traslado de las embarcaciones hasta el mar. Pero tiempo más tarde, Contessi consiguió un nuevo predio en la costa.
Para aquella época, la empresa de Federico crecía sin parar y había construido 19 barcos.


Quince años pasaron para que Federico se reencontrara con su padre.


LA PROSPERIDAD PARECÍA ASOMARSE a la vida de Federico: construía y arreglaba cada vez más barcos pero en 1974 debió soportar una nueva dura prueba.

Un incendo terrible destruyó por completo las instalaciones del astillero y esfumó así su sueño. En un par de horas, el fuego devoró veinte años de esfuerzo. “No quedó nada de lo que habíamos construido durante toda una vida —se lamenta—. Me metí varias veces en el astillero para tratar de salvar las herramientas pero no pude, todo se incendió muy rápido y me quedé sin nada. Fue tal mi desesperación que algunos pensaron que yo me quería suicidar adentro del taller”.

Sin embargo, lo ocurrido no derrotó completamente el ánimo de Contessi, sino todo lo contrario. “Ni tiempo le di a los peritos de Prefectura para que encontraran las causas del incendio. En seguida me puse a hacer, para mí esta tragedia representó un nuevo desafío y así lo tomé, no había tiempo que perder”.

Al día siguiente de la tragedia, un domingo a las cinco de la mañana, Federico ya había armado una nueva casilla para refugiarse mientras reconstruía el astillero. “Encima en aquel tiempo, el país estaba mal económicamente y eso complicó mucho más pero pensé: si Dios me sacó el astillero, debe querer ver hasta dónde puedo llegar”.

El ímpetu y la tenacidad de Federico le permitieron reconstruir todo en tiempo récord: en solo tres años el astillero volvió a botar un barco propio. El nuevo taller era más moderno y permitía trabajar en hasta cinco buques pesqueros a la vez.

A LOS 76 AÑOS, FEDERICO CONTESSI sigue levantándose a las cinco de la mañana, asegura que le gusta estar en el taller, con su mameluco puesto, antes que sus empleados.

Hoy Federico ocupa un lugar privilegiado en el puerto de Mar del Plata donde construyó más de cien buques pesqueros de toda clase.

El hombre parece no olvidar las dificultades del pasado y buscó una manera de superarlas: en 1970 viajó a Italia, luego de 23 años sin vacaciones, y lo primero que hizo fue visitar la cueva que lo salvó de una muerte segura en medio de la guerra.

El hombre no quiere desaprovechar el legado que le dejaron tanto su madre como su padre (fallecido en 1975), y se lo quiere pasar a sus tres hijas y su hijo, quienes trabajan en el astillero. “Quiero que ellos tengan la posibilidad de sentir la misma pasión que sentí yo cuando era chico”, resume.

 

 

La otra cada de la caridad.

La otra cada de la caridad.

Cuando más harta me sentía de encontrarme en aquel país, un acto de caridad transofrmó mi visión del mundo.

Cuando más harta me sentía de encontrarme  en aquel país extraño, un acto de verdadera caridad transformó mi visión del mundo

Hace poco me puse a hacer una limpieza a fondo de mi casa y mis hijos se ofrecieron a ayudarme. Mientras uno de ellos hurgaba en cajas y bolsas, se encontró un pañuelo anudado en cuyo interior había una vieja moneda oscurecida por el tiempo.

—Mamá, ¿me la das? —me preguntó el varón—. ¿Puedo jugar con ella en mi caja registradora?

Al mirar la moneda me sentí transportada a otra época. La toqué con suavidad y respondí:

—Podrías jugar con todas tus monedas, pero no con ésta. Es especial. Nunca volveré a ver a la mujer que me la dio. Esta moneda vale mucho más de lo que uno pueda imaginar.

Mi hijo me miró con extrañeza, así que le conté la historia.

Era 1991, y yo había abandonado las comodidades de mi tierra natal, Australia, para pasar cinco meses en un país africano azotado por tormentas de arena y un calor abrasador: Níger. Muchas cosas me resultaban incómodas en aquel lugar, pero lo que más me fastidiaba eran el clima y los mendigos. Todo el día los chicos de la calle alargaban su mano hacia mí y gritaban “¡Cadeau!”, palabra que significa regalo en francés, la lengua oficial del país desde el período colonial.

Después de concluir mi período de servicio como enfermera en Níger, una amiga mía y yo nos trasladamos a la vecina Burkina Faso. “Todo es más verde allá”, nos aseguraron. “Hasta las gaseosas tienen mejor sabor”.

Cuando llegamos en taxi a nuestro lugar de destino, empezamos a bajar nuestras pertenencias. Yo llevaba una mochila grande y un maletín. Con este aferrado a las piernas, alargué la mano para alcanzar la mochila. Dos hombres que iban en moto salieron de la oscuridad, se nos acercaron lentamente y uno de ellos me robó el maletín. En cuestión de segundos desa-parecieron, como si la noche se los hubiera tragado.

Ese maletín contenía mi pasaporte, dinero, cheques de viajero, mi cámara, un boleto de avión y otros objetos valiosos para mí. Estaba metida en problemas, y el consulado australiano más cercano se hallaba en Etiopía.

En las semanas que siguieron vigilé con celo el resto de mis pertenencias y miré con desconfianza a todos los habitantes del lugar. Soporté interrogatorios de las autoridades con una frustración que apenas podía disimular. Lo único que quería era salir de aquel infierno. Luego, un día, mientras caminaba por las calles, me topé con una pordiosera que alargó su mano hacia mí y dijo:

—¡Cadeau, cadeau!

Aquello era el colmo. Ya estaba harta de ese país: de su pobreza y de su corrupción, de sus ladrones, del calor, del polvo y sus funcionarios ineptos. En tono seco, le respondí a la mujer en francés:

—No tengo cadeau. Me robaron todo mi dinero hace dos semanas y ahora no puedo salir de este país. No puedo darle nada.

La mujer sopesó mis palabras. De pronto, en su rostro arrugado se dibujó una sonrisa y metió la mano entre los pliegues de su vestido:

—Entonces yo te voy a dar a ti un cadeau —anunció, y me puso en la mano una moneda vieja. 
Miré la moneda con incredulidad. Era una cantidad insignificante de dinero, pero para esa mujer significaba privarse de una comida. Sentí mucha vergüenza ante aquel acto de caridad. La mujer me había dado un regalo como ninguno que yo hubiera dado jamás. A pesar de su pobreza, me dio algo invaluable.

Entonces pude ver la belleza de la gente de Burkina Faso y aprecié la callada dignidad de los pobres. Recibir aquel regalo incondicional hirió mi orgullo y me dio humildad. Espero conservar la moneda siempre. Con su pequeño regalo, aquella mujer cambió por completo mi percepción de las cosas.

 


Para esa mujer, darme como regalo la moneda significaba privarse de una comida.

 

 

POR NUESTRA HIJA CONOCIMOS EL CAMINO HACIA EL SINDROME DE DOWN Por martirodri

POR NUESTRA HIJA CONOCIMOS EL CAMINO HACIA EL SINDROME DE DOWN       Por martirodri

Cuando decidimos tener otro hijo con mi esposo, habían pasado 5 años y medio de nacer Rodrigo, el cual quería otro hermano u hermana, pero por cosas de la vida, por razones económicas, de vivienda, de falta de trabajo de mi esposo en un momento no estábamos dispuestos a traer otro hijo al mundo. 
Pero cuando nos mudamos y pudimos estar en un lugar mas seguro nos decidimos a encargar un segundo hijo. Rodrigo cuando supo a los casi tres meses de mi embarazo, se alegro muchísimo y pidió con todas sus fuerzas que sea una hermanita. Quería una niña, nosotros por razones obvias, queríamos una niña también pero ante todo y lo mas importante que fuera sano. 
Fue un embarazo muy tranquilo me sentía muy bien, trabajaba sin problemas, con los miedos normales de toda mama, hasta que nazca. Nunca se me quitaba de mis pensamientos que debido a mi edad (ya había pasado los 40) podía llegar una complicación, o que el bebe tuviera algo.
Cuando consulto con el obstetra, por si era necesario el estudio de amniocentesis, me sugirió que no, que yo no tenia antecedentes, de ningú
n tipo, ni familiar, ni de salud. Acepte su consejo y seguimos adelante, tal vez en ese momento si me hubieran explicado las complicaciones y/o los beneficios del estudio tampoco lo hubiera realizado por miedo a que le pase algo a mi bebe y la idea de abortar no estaba en mis planes ni en el de mi marido.
A veces me sentía tan negativa de llegar a tener un hijo con problemas o con S.D.
Cuando a los 5 meses me hacen una ecografía de urgencia porque me caí, supimos con certeza que era una niña para felicidad de su hermano era su hermanita que tanto quería.
El nacimiento iba a ser por cesárea la fecha programada era para el 8 de octubre, me tenia que internar como a las 10hs de la mañana, pero la niña se adelanto. A las 4 de la mañana tuve contracciones y perdí el tapón mucoso, era hora de irnos al sanatorio, Rodri se quedo al cuidado de sus abuelos ya que tenia que ir a la escuela por la mañana.
Cuando llegamos al Sanatorio llamaron urgente a mi obstetra, que en menos de media hora estuvo ahí, entre a cirugía ya eran como las 5.30 y a las 6 de la mañana nacía MARTINA, vino su pediatra a recibirla que era el elegido por la Flia y pediatra de Rodrigo desde que nació, le realizó los controles obligatorios la cambiaron me la mostraron apenas y llore al verla era bien blanca, rubia, cachetona, recuerdo bien que Rubén su pediatra la tenia tan envuelta que apenas pude besarla entre su pequeña nariz y su cachete pero mi alegría se opaco cuando el Dr, me informa que la llevaría a neonatología ya que había nacido con 3.900Kg, y por ser niña quería controlarle el peso y revisarla bien porque podría tener problemitas del azúcar alto. No me quede muy convencida, creo que el sexto sentido que dicen tenemos las madres no me cerraba .
Cuando llegue a la habitación mi marido estaba junto a mi le pregunte si la había visto y muy feliz me dijo es hermosa re cachetona, y colorada de blanca que es.
Bueno pasaron las horas el pediatra me dijo que la quería controlar y que me la daría mas tarde.
Como a la una después del mediodía que Rubén. terminaba su turno en el consultorio se acerco a verme ,nunca me olvidare cuando se acerco y se sentó a mi lado ,algo pasaba ,algo dentro de mi me decía que no estaba todo bien, y fue cuando me dijo que la bebe estaba bien de salud, que mas tarde me la iba a dar ,pero que había nacido con Síndrome de Down.
No podía creerlo, comencé a llorar y por segundos se me paso toda su vida en mi mente, como seria , que lograría hacer, no se casaría, que si era mi culpa o de quien ,y la pregunta bendita que uno se hace en estas cosas que suceden en la vida porque? Porque nos toco a nosotros? .Porque a mi? ,que hice mal para que me pase esto?????
Las palabras del pediatra después de dejarme llorar, y para tranquilizarme, ya que lo aturdía con tantas preguntas fueron las mas sinceras y verdaderas creo yo que escuche en ese momento tan duro, por ahora no van hacer nada AMARLA, ES TU HIJA Y NECESITA AMOR NADA MAS QUE AMOR, yo la amaba desde el día en que la concebimos, nunca se me hubiera ocurrido rechazarla, pero el dolor ,el miedo, las dudas, la angustia de cómo se lo iba a explicar a su hermano, de que tendríamos que hacer ahora en la vida para salir adelante, que cuidados tendrían que tener me hacían sentir sin fuerzas.
Una noche a los pocos días que habíamos salido del sanatorio estábamos los tres mirando como dormía Martina nombre que su hermano había elegido para ella, de antes que naciera, cuando el con sus pequeños 6 años, dijo amar tanto a su hermanita y fue cuando su papá, le explico que debía amarla mucho porque Martina su hermanita era una niña especial, en ese momento no le explicamos que tenia S.D. la verdad ni nosotros todavía en esos momentos entendíamos bien lo del Síndrome.
Y así comenzó a los 14 días de Martina nuestro recorrido de, aprender ,saber y entender lo que era el S.D. Una vez por semana, íbamos a Estimulación Temprana a una Escuela Provincial de la Ciudad en donde vivimos, es la Escuela de Est.Temp. 2090 que incorpora a niños desde que nacen hasta la edad de 4 años con distintas discapacidades, se comienza con la Estimuladora, hay talleres para papas con la Psicóloga para contar nuestras experiencias o lo que sentimos, talleres para los hermanos. Así fue que me fui conociendo con algunas mamas que en su mayoría tenían niños con S. D. Mi entusiasmo, y mis ganas por que mi hija salga adelante , aprenda rápido, y el saber que la Estimulación Temprana era lo mas importante para ella fue como me interiorice por Internet y comencé a involucrarme mucho con todo lo referente al S:D.
Ej: como eran sus rasgos, el porque por mi edad había nacido Martina así, a que son mas lentos que los otros niños, aprender que porque tiene una discapacidad no sean los Reyes de la casa, a que sepan ser independientes, y aprendí a conocer mas a mi hija ,el saber que tiene sus tiempos y que si es mas lenta que otros niños , igual aprende .
Leia historias reales que escriben las mamas en el Canal Down 21, lloraba con esas historias, pero me enriquecían , me fortalecían cada vez mas y saber que mi esposo y yo no estábamos solos ,no éramos los únicos en este camino, ah recorrer, que había mucha gente en la misma situación que nosotros. Esto nos fortaleció muchísimo estábamos mas unidos, para ayudarla, para estimularla y para aceptar con el tiempo la respuesta del porque y de tantas preguntas a saber ,y criar a nuestros hijos por igual ,para que no la discriminen y para que se sepan defender en la vida .Así es que llegamos a la actualidad ,faltando 2 meses para que Marti cumpla 4 años, hoy esta integrada en un Jardín común, con niños “normales” (como les llamamos a diferencia de ellos con S:D), de su misma edad, esta muy adaptada al grupo, ella también colabora como los otros niños, repartiendo las masitas , dibujando ,riendo bailando y siendo feliz porque es una personita muy feliz, ríe todo el tiempo con su hermano cuando juega, se divierte escuchando su música preferida infantil, y bailando, o jugando con los muñecos, o con los autitos de Rodrigo. 
Todas fueron etapas un poquito mas trabajadas que con Rodrigo, el caminar, el dejar los pañales, o la mamadera, su estimulación es constante es de todos los días, es lo que vivimos el día a día, con ella, lo que hace, lo que aprende ,y lo que nos enseña hoy. El mañana se vera ,que nos depara la vida y el destino ,a nosotros el destino nos puso a Martina en el camino, y aprender a convivir con el S:D.,
Hoy recalco, y lo digo muy seguido gracias al S.D. conocí a mucha gente nueva, gente con pilas nuevas todo el tiempo, con fuerzas, gente que lucha por sus hijos para que salgan adelante, que tengan un futuro, aunque sea laboral, o en algún deporte o porque no en el estudio, a mamas poderosas y con todo el orgullo de ser mamas como a Flavia, mama de Martina, Nadia, mama de Antonella, María Inés mama de Valentina, Monica, Mama de Martina, Claudia mama de Rocío, Andrea, mama de Agustín, Sandra, de Joaquín, Andrea mama de Joaquin, Mónica mama de Delfina y son muchas mas ,por Internet , muchas mamás que no nos conocemos personalmente lamentablemente a pesar de las distancias ,cada una nos contamos nuestra experiencias, y sin conocernos nos tenemos mucho cariño.
Para todas esas mamas que sepan que van a tener un bebe con S.D. o cuando nazca su bebe y se enteren AMENLO por sobre todas las cosas AMENLO primero que es un hijo, y segundo que son los seres mas maravillosos que existen, el amor que brindan es inalcanzable, son seres verdaderos, sinceros, y fuertes, porque a pesar que nuestras vidas dan un giro muy grande ellos lo pueden recorrer en su totalidad

Gracias MARTINA POR HABER LLEGADO A NUESTRAS VIDAS, Y ELEGIRNOS COMO PAPAS.